Hay decisiones que las compañías anuncian con cuidado porque saben que van a sentar como una patada en los huevos. Luego está Sony, que ha cogido el disco, le ha puesto fecha de caducidad y nos ha explicado que, en realidad, lo hace porque es lo que queremos.
Gracias, Sony. Menos mal que estabas tú para preguntarnos.
La compañía anunció oficialmente el 1 de julio que dejará de producir discos para todos los nuevos juegos que lleguen a las consolas PlayStation a partir de enero de 2028. Desde entonces, esos lanzamientos estarán disponibles en PlayStation Store y también en tiendas, pero únicamente en formato digital.
La precisión importa: Sony no va a activar un botón rojo para fundir tu colección de PS5 durante las campanadas. Los juegos publicados en disco antes de enero de 2028 no se ven afectados y seguirán funcionando. Pero para los lanzamientos posteriores el mensaje es bastante menos tranquilizador: se acabó el disco.
Y con él se marchan unas cuantas cosas que, qué casualidad, beneficiaban mucho al jugador y daban bastante menos control al dueño de la plataforma.
El futuro es digital y las cuentas le salen de puta madre a Sony
La explicación oficial asegura que las preferencias de los consumidores y la industria se han desplazado hacia lo digital. No es una fantasía inventada en una reunión con ocho PowerPoint: los propios resultados de Sony para el ejercicio fiscal de 2025 sitúan en un 78 % la proporción de descargas digitales entre las unidades de juegos completos vendidas para PS4 y PS5. La cifra no incluye complementos ni microtransacciones; compara juegos completos digitales con el total de juegos completos vendidos.
Lo digital domina. Eso es un hecho.
Lo que no se deduce automáticamente de ese dato es que el 22 % restante haya pedido amablemente que le retiren la opción. Que una mayoría utilice una vía no convierte la otra en decorado. Mucha gente compra por Internet y nadie ha llegado todavía al barrio con una excavadora para derribar el supermercado porque Amazon tenga muchos clientes.
El formato digital es cómodo. Compras desde el sofá, descargas y juegas sin esperar al repartidor que lleva cuarenta minutos buscando tu portal. El problema empieza cuando la comodidad deja de ser una alternativa y pasa a ser la única alternativa.
Porque entonces ya no hablamos solo de comodidad. Hablamos de control.

Qué extraño: desaparecen justo las cosas que Sony no controla del todo
Con una copia física puedes terminar el juego y venderla. Puedes comprarla de segunda mano, prestársela a tu hermano, intercambiarla con un amigo o encontrar una tienda liquidándola por cuarenta euros mientras otra todavía pretende cobrar ochenta.
También puedes tenerla en una puta estantería simplemente porque te gusta coleccionar videojuegos y contemplar cómo tu falta de autocontrol financiero va ocupando lentamente toda la casa.
Conviene introducir aquí un matiz que a menudo se pierde entre cajas azules y discursos sobre la propiedad: el disco tampoco te convierte en propietario del software. Los términos de PlayStation dicen expresamente que el juego se concede bajo licencia y no se vende. Lo que sí tienes es un objeto físico que, en la práctica y con los límites de la legislación aplicable, puedes prestar, regalar o revender sin vincularlo para siempre a una cuenta.
Un código digital no ofrece eso. Una vez canjeado, no puedes volver a meterlo en la caja y vendérselo a Manolo por Wallapop. Manolo podrá ser un pesado negociando el precio, pero todavía no ha descubierto cómo resucitar códigos usados.
Sony afirma que los juegos digitales seguirán disponibles tanto en PlayStation Store como en comercios. El anuncio, sin embargo, no explica qué productos concretos venderán esas tiendas ni cómo funcionará esa distribución. Es razonable esperar códigos, tarjetas u otros sistemas digitales, pero vender un código no recupera la circulación que permite una copia física.
La segunda mano era preciosa mientras no molestaba
Durante décadas el procedimiento ha sido sencillísimo: compras juego, juegas, terminas juego, vendes juego y utilizas ese dinero para comprar otro.
Una tecnología revolucionaria conocida por los expertos como no ser rico.
También funciona al revés. Un título sale a 80 euros, decides que ni de coña y unos meses después encuentras una copia usada por 35. En un ecosistema exclusivamente digital, esa copia concreta no existe. Puedes esperar una rebaja, claro, pero llegará cuando la plataforma y la editora decidan, bajo las condiciones y durante el tiempo que ellas establezcan.
Desaparece el particular que quiere vender. Desaparece la tienda con veinte unidades usadas acumulando polvo. Desaparece una fuente de competencia que no necesita permiso para rebajar un ejemplar concreto.
La medida tampoco significa que Sony vaya a convertirse mágicamente en la editora de todos los juegos de PlayStation. Lo que sí significa es que cualquier lanzamiento nuevo dependerá de los canales digitales autorizados para esa plataforma. Puedes elegir establecimiento, promete Sony, pero ya no soporte.
Las tiendas seguirán ahí, vendiendo aire con contraseña
Entraremos en una tienda de videojuegos para comprar un producto digital. El equivalente moderno de acercarte a una panadería para que te entregue un papel con una contraseña que desbloquea una barra de pan en casa.
Las grandes cadenas se adaptarán. Venderán códigos, tarjetas regalo, consolas, mandos, merchandising y probablemente una estatua de Kratos de metro y medio que nadie necesita pero alguien acabará comprando.
Para las tiendas pequeñas la broma tiene menos gracia. La compraventa de usados funciona porque existe algo físico que recibir, valorar, colocar en una balda y vender otra vez. Cuando el producto nuevo es una licencia vinculada a una cuenta, esa parte del negocio no se transforma: se evapora.
Sony habla de mantener la elección sobre dónde comprar. El matiz es digno de un abogado con hambre: podrás escoger la caja registradora, pero no aquello que te llevas de ella.
Tu PS5 con lector no se convierte en un pisapapeles
Antes de que alguien lance la consola por la ventana, repetimos: Sony no va a bloquear los discos existentes en 2028. El cambio afecta a la producción física de los juegos nuevos desde enero de ese año. Los títulos publicados antes en disco seguirán funcionando y el lector continuará leyendo copias compatibles.
Tu colección no va a autodestruirse como un mensaje del Inspector Gadget.
El problema es otro: Sony ha marcado el momento a partir del cual esa biblioteca física dejará de crecer con nuevos lanzamientos. Resulta especialmente simpático después de una generación en la que millones de personas eligieron una PS5 con lector precisamente porque querían seguir usando discos.
No compraron esa ranura como elemento decorativo.
Y entonces entra en la habitación el elefante llamado PS6
Sony no ha anunciado que PlayStation 6 vaya a ser exclusivamente digital. Tampoco ha confirmado si tendrá lector integrado, opcional o alguna solución intermedia. Afirmar ahora que PS6 llegará sin discos sería presentar una deducción como si fuera una ficha técnica.
Pero tampoco hace falta ser Sherlock Holmes después de seis cafés para ver hacia dónde apunta la carretera. Si desde enero de 2028 no habrá discos para nuevos juegos de PlayStation, el papel del lector en la próxima generación queda, como mínimo, bastante tocado.
Lo confirmado no es el diseño de PS6, sino la estrategia: el futuro de los nuevos lanzamientos de PlayStation será digital. Punto.
Y cuando la misma compañía controla la plataforma, la cuenta y la tienda principal, conviene no confundir comodidad con generosidad. Sony no es una ONG preocupada porque tengamos que levantarnos del sofá para cambiar de disco.
El problema nunca fue comprar digital
Comprar juegos digitales está de puta madre. Yo también quiero pulsar un botón, descargar y no tener que averiguar dónde coño dejé la caja. Millones de jugadores eligen esa opción cada día porque les resulta mejor. Perfecto.
La palabra importante es eligen.
El problema no es que Sony venda juegos digitales ni que el mercado los prefiera. El problema es utilizar esa preferencia para eliminar la alternativa y después presentar el resultado como una ampliación de la elección del consumidor.
Elegir significa tener varias opciones delante y escoger una. Si quitas una, eso deja de llamarse elección.
Se llama esto es lo que hay.
Adiós al disco, hola al jardín vallado
Tal vez dentro de diez años mirar una caja de PS5 nos parezca tan antiguo como rebobinar una cinta VHS con un bolígrafo. La industria lleva mucho tiempo avanzando hacia lo digital y Sony no es la única compañía encantada de acelerar el proceso.
El disco tenía inconvenientes. Ocupaba espacio, podía romperse, obligaba a levantarse y en algunos juegos servía poco más que como llave para instalar una parte y descargar el resto. Pero también tenía una característica extremadamente incómoda para las grandes plataformas: una vez en tus manos, la compañía tenía bastante menos que decir sobre lo que hacías con ese objeto.
Podías prestarlo. Venderlo. Regalarlo. Comprarlo usado. Guardarlo veinte años.
Sony nos vende la transición como consecuencia natural de nuestros hábitos y los números demuestran que el mercado es mayoritariamente digital. Lo discutible es que aprovechar esa tendencia para eliminar por completo la alternativa física sea un favor al consumidor.
Porque el futuro digital puede ser tremendamente cómodo.
Sobre todo para Sony.
El resto tendremos que conformarnos con disfrutar de la comodidad de poseer cada vez menos cosas.
Fuentes: anuncio oficial de PlayStation, resultados financieros de Sony y términos de licencia de PlayStation. Imágenes oficiales procedentes de la biblioteca de recursos para prensa de Sony Interactive Entertainment, utilizadas para cobertura editorial y acreditadas a SIE.