La saga moderna de Jumanji comenzó metiendo a cuatro adolescentes dentro de un videojuego y ahora, después de dos películas, ha decidido abrir la puerta y dejar salir todo lo que había dentro. Avatares, animales salvajes, explosiones y probablemente algún programador que llevaba años pidiendo que arreglaran ese fallo.
El primer tráiler oficial de Jumanji: Mundo abierto invierte la fórmula: esta vez son el doctor Bravestone, Ruby Roundhouse, Franklin «Mouse» Finbar y el profesor Oberon quienes aparecen en nuestro mundo. Dwayne Johnson, Karen Gillan, Kevin Hart y Jack Black vuelven a interpretar a los personajes del juego, mientras Jake Kasdan regresa como director.
Sony mantiene su estreno en España para el 25 de diciembre de 2026, según el calendario oficial de la distribuidora. Feliz Navidad: aquí tienes una estampida.
Jumanji ha encontrado la puerta de salida
El adelanto deja claro que la consola maldita continúa funcionando con la fiabilidad habitual de un aparato electrónico encontrado en un sótano. Tras pasar por las manos de un técnico, el videojuego rompe sus fronteras y empieza a escupir personajes, criaturas y problemas sobre el mundo real.
No se trata únicamente de colocar a Dwayne Johnson en una calle normal y esperar a que su tamaño haga el resto. Los avatares aparecen en lo que Spencer describe como «modo demo»: conservan las personalidades básicas que poseen dentro del juego antes de ser controlados por los protagonistas humanos.
Bravestone es el héroe musculoso que sabe que es un héroe musculoso, Ruby reparte hostias con eficacia industrial y Finbar vive en un estado permanente de indignación. El tráiler también muestra que parte del grupo terminará regresando a Jumanji para intentar cerrar el desastre.
La idea tiene potencial porque permite cambiar el escenario sin desmontar completamente lo que funcionaba. Después de recorrer selvas, desiertos, montañas y decorados construidos con la sutileza de un parque temático, traer el juego a la realidad abre nuevas posibilidades para la comedia. Un personaje diseñado para saltar sobre helicópteros puede resultar mucho más gracioso intentando comprender una puerta automática.
Además, el título Mundo abierto tiene bastante coña. No porque vayamos a ver a Dwayne Johnson recogiendo ciento cuarenta plumas repartidas por Nueva York, sino porque Jumanji se ha quedado literalmente sin paredes.
Una novedad que ya vimos hace treinta años
Hay que reconocer, eso sí, que esta supuesta inversión revolucionaria tiene algo de truco de vendedor de feria. La película original de 1995 ya consistía precisamente en eso: el juego liberaba sus peligros en el mundo real y obligaba a los protagonistas a terminar la partida para detenerlos.
Más que reinventar Jumanji, esta tercera entrega de la etapa moderna parece cerrar el círculo. Primero tuvimos un juego de mesa que invadía la realidad. Después, un videojuego que absorbía a los jugadores. Ahora tenemos un videojuego que vuelve a invadir la realidad, pero con más músculos, más efectos digitales y un título preparado para posicionar estupendamente en Google.
Eso no tiene por qué ser malo. Las películas no necesitan descubrir una nueva forma de narración cada vez que alguien se cae encima de un rinoceronte. El problema aparecería si el cambio de escenario fuera únicamente decorativo y debajo continuáramos encontrando exactamente la misma película.
Porque la fórmula ya la conocemos: Dwayne Johnson pone cara de no entender nada, Kevin Hart grita, Karen Gillan intenta mantener unido al grupo y Jack Black roba cada escena mientras los demás fingen que no está ocurriendo. Funcionó muy bien en Bienvenidos a la jungla y todavía conservaba suficiente energía en Siguiente nivel, pero repetir el truco una tercera vez exige algo más que cambiar la selva por un aparcamiento.
Una franquicia que me sigue cayendo bien
Personalmente, esta saga moderna me gusta. La primera película parecía uno de esos proyectos fabricados por un comité después de consultar una gráfica de reconocimiento de marcas, pero terminó siendo una comedia de aventuras sorprendentemente simpática.
Su mayor acierto nunca ha sido el mundo de Jumanji ni sus criaturas digitales. Ha sido el reparto. Los cuatro protagonistas tienen química, entienden perfectamente el tipo de película en la que están y no intentan convertir una historia sobre hipopótamos asesinos en una reflexión solemne sobre la condición humana.
También ayuda que sean películas conscientes de su propia estupidez. Hay acción, chistes físicos, intercambios de cuerpos y personajes con debilidades tan absurdas como explotar al comer tarta. No pretenden ser otra cosa. En una época en la que algunas superproducciones parecen avergonzarse de resultar divertidas, Jumanji entra en la habitación haciendo ruido y tirando los muebles.
El nuevo tráiler conserva esa energía. Parece grande, acelerado y suficientemente ridículo. Jack Black continúa teniendo una capacidad casi sobrenatural para hacer graciosa cualquier frase, Karen Gillan sigue siendo quien reparte las hostias con mayor elegancia y la pareja formada por Johnson y Hart mantiene esa dinámica de matrimonio agotado que lleva discutiendo durante tres películas.
¿Una última aventura o el último exprimido?
La respuesta más honesta es que puede ser ambas cosas.
El tráiler vende esta entrega como la última partida del grupo. Tiene sentido cerrar la etapa aumentando el espectáculo y recuperando la idea central de la película de 1995: en Jumanji no siempre entras tú; a veces es Jumanji quien sale a buscarte.
Pero también estamos ante una saga muy rentable que vuelve a reunir a sus estrellas para repetir una fórmula conocida. No hace falta ser un cínico profesional para ver la calculadora detrás de las estampidas.
La diferencia entre una despedida divertida y un cadáver cinematográfico paseado para recoger entradas estará en el guion. El cambio de escenario puede generar situaciones nuevas, pero los personajes necesitan evolucionar y la comedia debe encontrar algo más que hacer con ellos. Si toda la película se limita a repetir chistes anteriores rodeados de animales digitales, el mundo será abierto, pero las ideas estarán encerradas en un armario.
Por ahora, el tráiler transmite buenas sensaciones. No parece que vaya a revolucionar el cine de aventuras ni a provocar que Martin Scorsese se levante de madrugada para reconsiderar toda su carrera. Parece una nueva entrega de Jumanji: reparto carismático, caos familiar, efectos especiales y suficientes tonterías como para pasar dos horas bastante entretenidas.
Y, sinceramente, eso puede ser más que suficiente. La saga todavía me cae bien, sus protagonistas continúan funcionando juntos y esta vuelta al mundo real tiene posibilidades. Solo espero que sea una despedida preparada con cariño y no el último apretón al tubo de pasta de dientes antes de tirarlo.
El 25 de diciembre sabremos si Jumanji ha salido del videojuego para cerrar la partida por todo lo alto o porque dentro ya no quedaba una sola idea libre.