Ocho películas, siete libros, videojuegos, parques temáticos, obras de teatro, merchandising hasta para decorar el váter y veinticinco años vendiéndonos varitas no han sido suficientes. HBO vuelve a empezar Harry Potter desde el principio.
Hay hechizos poderosos en el universo de Harry Potter.
Avada Kedavra. Expecto Patronum. Expelliarmus.
Pero ninguno se acerca remotamente al conjuro más poderoso jamás descubierto por Warner Bros.:
REBOOTUS MAXIMUS.
Su efecto es sencillo: coges una franquicia que ha generado una cantidad obscena de dinero, esperas a que quienes crecieron con ella tengan trabajo, nostalgia, alguna cana y tarjeta de crédito, y vuelves a vendérsela.
La primera temporada se llama oficialmente Harry Potter and the Philosopher’s Stone, tendrá ocho episodios y llegará en Navidad de 2026 a HBO y HBO Max. No hay un día de estreno anunciado oficialmente, así que no vamos a inventarnos un 25 de diciembre porque bastante fantasía hay ya aquí. HBO promete una adaptación fiel a las novelas.
Sí. Ocho episodios para La piedra filosofal. La historia que conocemos. La película que hemos visto. Los memes que llevamos veinticinco años utilizando. La puta escalera que cambia de sitio. Todo otra vez.
Pero ahora probablemente tendremos tiempo de contemplar a Harry desayunando cereales durante ocho minutos porque HAY QUE RESPETAR EL MATERIAL ORIGINAL.
Bienvenidos al Hogwarts Cinematic Universe: Edición Amortización de Propiedad Intelectual.
• • •
Warner ha encontrado por fin la auténtica piedra filosofal
La primera película llegó a los cines en 2001. Un cuarto de siglo después, Warner Bros. Discovery vuelve a la casilla de salida con una adaptación concebida como serie de larga duración: el anuncio original habló de un proyecto para una década.
Uno podría pensar que, después de siete novelas, ocho películas, tres películas de Animales Fantásticos, videojuegos, LEGO, parques temáticos, exposiciones, obras teatrales, estudios visitables, tazas, bufandas, funkos y suficiente merchandising como para llenar Azkaban hasta el techo, alguien en Warner podría decir: «quizá deberíamos dejar descansar Harry Potter cinco minutos».
JA.
Qué criatura tan inocente eres.
Warner no posee una franquicia. Warner posee una explotación minera. Y en algún despacho han mirado una gráfica, han visto que todavía quedaba nostalgia sin extraer y han enviado inmediatamente otro equipo con pico y pala.
Esto no es una serie. Es una hipoteca.
Pero esta vez será “fiel a los libros”
Aquí está el gran hechizo de marketing: fidelidad. Las películas estaban bien, pero dejaron fuera a Peeves, al profesor Binns, conversaciones, personajes y pequeñas tramas. El formato televisivo sí puede permitirse respirar donde el cine tuvo que meter tijera.
La serie respetará el arranque de la cronología en 1991 y el primer adelanto ya deja ver un mundo muggle deliberadamente noventero. También enseña momentos que el cine no llegó a dramatizar, como el colegio muggle de Harry, y dedica atención a los uniformes, las casas y el Hogwarts rediseñado.

Perfecto. Fantástico. Maravilloso. Dentro de poco habrá un señor en Reddit ampliando una captura al 800 % para anunciar que Ron lleva la cantidad canónica de suciedad en la nariz.
La producción, además, parece haberse tomado el detalle con una seriedad que roza la intervención profesional: un solo búho animatrónico requirió 36.000 plumas y hay una versión de Scabbers capaz de morder. Hedwig ya no es una mascota. Hedwig es una obra pública.
Ocho episodios para contarnos que Harry es mago
Aquí hay dos posibilidades. La buena: HBO aprovecha el espacio para desarrollar Hogwarts, las clases, los profesores, las amistades y los detalles que las películas tuvieron que eliminar. La otra:
EPISODIO 4 — EL JERSEY DE RON
Duración: 58 minutos. Ron recibe un jersey. Harry observa el jersey. Hermione explica la composición molecular de la lana. Flashback de Molly tejiendo. Fundido a negro. Ocho millones de personas en internet: «absolute cinema».
La razón legítima para volver a adaptar los libros no es cambiar por tercera vez el diseño del Gran Comedor ni comprobar si las gafas de Harry tienen un milímetro menos de diámetro. Es recuperar historias, personajes y situaciones que el cine sacrificó.
Si vais a vendernos Harry Potter otra vez, por lo menos dadnos cosas nuevas: Peeves, Binns, más clases, más Fred y George y, cuando llegue el momento, el Mundial de Quidditch entero. Y, sobre todo: dadnos a Ginny con personalidad.
Hans Zimmer se ha unido al delito
La nueva música correrá a cargo de Hans Zimmer junto a Bleeding Fingers Music, el colectivo de compositores que cofundó. Sustituir el legado de John Williams es una de las tareas más ingratas que existen: tienes detrás una melodía que cualquiera reconoce tras dos putos segundos.
Así que han llamado a Hans Zimmer. Por supuesto.
Harry abre una carta: BWAAAAAAAM. Harry compra una varita: BWAAAAAAAAAM. Neville pierde su sapo: BWAAAAAAAAAAAAAAAAAM.
From the composer of Dune.
Neville Longbottom: Where The Fuck Is Trevor.
El nuevo reparto entra en la jaula con los leones
Harry será Dominic McLaughlin, Hermione será Arabella Stanton y Ron será Alastair Stout. La búsqueda reunió a decenas de miles de aspirantes. Junto a ellos estarán John Lithgow como Albus Dumbledore, Janet McTeer como Minerva McGonagall, Paapa Essiedu como Severus Snape, Nick Frost como Hagrid, Luke Thallon como Quirrell y Paul Whitehouse como Filch.
Y aquí rompemos momentáneamente nuestro compromiso con ser unos cabrones: con los niños no nos vamos a meter. Bastante tienen ya. Van a crecer una década escuchando que Daniel Radcliffe hacía esto mejor, que Emma Watson miraba asá y que Ron tiene siete pecas cuando un lector de Reddit calculó nueve.
Que actúen, crezcan y disfruten. Los adultos, en cambio: a esos sí les vamos a dar.

Especialmente a nuestro cerebro cuando vea a Lithgow entrar como Dumbledore y recuerde a Arthur Mitchell en Dexter. Harry, no entres en el despacho. Llama a la policía.
Nick Frost como Hagrid, en cambio, puede ser una maravilla. Solo exigimos una cosa: que mire a Harry, diga «Yer a wizard, Harry», haga una pausa y mire a cámara. El resto es material de Emmy.
Peeves, Binns y un superviviente de la línea temporal
Peter Serafinowicz interpretará a Peeves, el poltergeist que las películas borraron por completo. También veremos por primera vez en pantalla al profesor fantasma Cuthbert Binns, interpretado por Richard Durden.
Y Warwick Davis volverá como Filius Flitwick, el papel que ya interpretó en las películas originales. Todo el mundo ha sido absorbido por una anomalía temporal; Flitwick ha decidido que él estaba estupendamente donde estaba. Continuidad mediante cojones.
HBO ya está pensando en el curso siguiente
La segunda temporada está confirmada y su rodaje está previsto para este otoño, antes incluso del estreno de la primera. Es pura logística: los protagonistas son niños y los niños, con la insolencia habitual, crecen.
Kit Harington interpretará a Gilderoy Lockhart en esa segunda tanda. También están anunciados Bonnie Hill como Ginny Weasley, Billy Barratt como Tom Riddle y Lenny Rush como Dobby. HBO no sabe aún si te gustará la temporada uno, pero ya ha decidido que te gustará Harry Potter. No es confianza. Es una amenaza.
El problema no es que Harry Potter vuelva
Podríamos acabar diciendo que nadie pidió esta serie y que HBO debería lanzar todos los negativos al lago de Hogwarts. Pero sería demasiado fácil. Y probablemente falso.
La gente va a verla. Nosotros también. Tú también. El vecino que lleva tres años diciendo que está harto de los reboots también. El día del estreno estará sentado en el sofá con una cerveza diciendo: «bueno, voy a poner el primero por curiosidad». Seis horas después: «hombre, pues el diseño de Gringotts es bastante fiel».
Ese es el verdadero hechizo de Warner. No Imperio. Nostalgia.
Y lo peor es que han puesto detrás de esta explotación descarada a gente con muchísimo talento: Francesca Gardiner lidera la serie, Mark Mylod dirige varios episodios, David Heyman vuelve como productor ejecutivo, J.K. Rowling también figura como productora ejecutiva y Zimmer se encarga de la música.
Puede salir bien. Puede salir muy bien. Y eso sería devastador, porque significaría que dentro de cinco años estaremos escribiendo: «HBO prepara un remake de El Señor de los Anillos porque aparentemente Peter Jackson ya ha disfrutado suficiente de su jubilación».
La conclusión gamberra
La nueva serie de Harry Potter resume perfectamente el entretenimiento moderno. Tenemos una industria capaz de construir un búho animatrónico con 36.000 plumas, de contratar a Hans Zimmer, de recrear Hogwarts y de seleccionar a sus protagonistas entre decenas de miles de candidatos.
Y después de reunir semejante cantidad de talento, tecnología y recursos, alguien pregunta:
—¿Qué historia contamos?
Y un ejecutivo responde:
—Harry Potter otra vez.
Eso sí que es magia.
La primera temporada llegará en Navidad de 2026; la segunda ya se prepara y Warner tiene Hogwarts en sus planes para la próxima década. Nosotros estaremos allí, con túnica, cerveza de mantequilla y nostalgia cuidadosamente explotada, preparados para pasar ocho episodios diciendo que las películas eran mejores.
Hasta que aparezca Peeves. Entonces seguramente nos callaremos.
Malditos bastardos.
• • •